March 10, 2005
Me senté en el diván del psiquiatra, ese hombre era como las películas me dijeron que era. Lentes, traje gris, barba, sentado en posición de reprobar cada palabra que quisiera decir.
Ahí estaba yo, temblorosa y exaltada por que alguien iba a juzgar mi vida y, según el, tratar de componerla.
Había decidido con detenimiento que me iba a poner, como me iba a peinar y los zapatos que llevaría, sabia que eso también refleja algo. Cuando el doctor me hizo la primera pregunta, cuando concebí que la sesión iba a empezar, que el ya estaba en la posición de calificarme, cuando sentí el dedo de dios justo encima de mi... Salí corriendo de la habitación “¿este pendejo que puede saber de la vida?”
Ahí estaba yo, temblorosa y exaltada por que alguien iba a juzgar mi vida y, según el, tratar de componerla.
Había decidido con detenimiento que me iba a poner, como me iba a peinar y los zapatos que llevaría, sabia que eso también refleja algo. Cuando el doctor me hizo la primera pregunta, cuando concebí que la sesión iba a empezar, que el ya estaba en la posición de calificarme, cuando sentí el dedo de dios justo encima de mi... Salí corriendo de la habitación “¿este pendejo que puede saber de la vida?”

